Pienso yo que la mayoría de las personas, incluyéndome a mí, estamos en busca de la felicidad completa. No me refiero a la felicidad...

Pienso yo que la mayoría de las personas, incluyéndome a mí, estamos en busca de la felicidad completa. No me refiero a la felicidad pasajera, la cual podemos obtener a través de las cosas materiales.

Yo me refiero a esa felicidad que nos eleva a otro nivel, la que nos mantiene con una gran sonrisa de oreja a oreja, los ojos brillosos y cantando esas melodías pegajosas el día entero. Y aunque aparezca ideal y sensacional, la realidad es que nadie puede vivir en este estado de euforia constantemente, es ilógico, lo siento…

Según Aristóteles, uno de los grandes filósofos de la antigua Grecia, “todos estamos de acuerdo en que queremos ser felices, pero en cuanto intentamos aclarar cómo podemos serlo, empiezan las discrepancias”. Esto significa que podemos llegar a la conclusión que la felicidad es un sentimiento muy personal y que no existe la felicidad colectiva.

Según la filosofía griega clásica existen tres posturas que podemos incorporar en nuestras vidas, si verdaderamente deseamos alcanzar la felicidad desde un punto holístico (biológico/físico, psicológico, emocional y espiritual). Debemos de ser conscientes que la felicidad, desde este punto de vista, no se puede obtener a través de cosas materiales, porque estas son pasajeras, son momentáneas, son huecas. Lo que hoy te puede ocasionar gran felicidad, quizás mañana simplemente pasará a ser un simple recuerdo.

Basándonos en la filosofía griega, existen tres importantes pasos que debemos seguir para alcanzar la felicidad. El primer paso es la autorrealización, esto significa identificar nuestro propósito, realizarlo y alcanzar nuestras metas. El Segundo, trabajar arduamente para convertirnos en seres autosuficientes, o sea, valerse por sí mismo. Y el tercer paso es lo que llaman el hedonismo, basado en la búsqueda del placer y la supresión del sufrimiento total.

Desde una visión realista, y llevándonos por los grandes filósofos, podemos concluir que la felicidad no la vamos a encontrar en lo material, y que tampoco existe un secreto místico guardado bajo siete llaves y cerraduras. Es simple, la felicidad vive en cada uno de nosotros. Somos los amos y señores de nuestra felicidad. No podemos mendigar o depender del amor de otras personas para sentirnos seres realizados, sin antes amarnos primeramente a nosotros. No existe la felicidad sin antes encontrar y realizar nuestro sentir espiritual, nuestro centro. No importa la religión, lo que importa es la relación que tu construya y establezcas con Dios. Y recuerda, que lo material es reemplazable, tus seres queridos, NO.

Podemos pasarnos toda una eternidad buscando la felicidad, podemos desperdiciar mil momentos en nuestra desesperada búsqueda, cuando en realidad, la felicidad está presente en cada segundo, en cada respiro, en cada abrir y cerrar de ojos, en cada latido de nuestro corazón.

Si buscas la felicidad completa, lamento decirte que no existe.

Pero la felicidad que nos complementa, la que nos mantiene estable y el corazón contento, la que está basada en pequeños momentos, esa la encuentras y vive en nuestro ser… Así que, no la desperdicies y ¡compártela!

– Mercedes Jimenez Ramirez

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